
7:30 a.m. , corro hasta el anden nº 1 como una autómata, mis pies se diría que levitan y que mi cuerpo quedó en mi cómoda cama, negándose a ir a trabajar.
Entro justo a tiempo antes de que las puertas aprisionen mi abrigo y me obliguen a pelear para liberarme de ellas con el dichoso botoncito verde...hablo por experiencia...
Acomodo mi culo como puedo, apoyo mi cabeza en el cristal, dispongo de media hora de sueño hasta que oficialmente empiece mi día.
Un traqueteo desmesurado del vagón me espabila y la cabezada a la que estoy acostumbrada se esfuma, me incorporo dispuesta a pasar un tedioso trayecto observando las caras aburridas del resto de los pasajeros, personas diferentes con rostros iguales, que nos miramos de soslayo y al ser descubiertos apartamos nuestras miradas de forma huidiza, todos con mp3, periódicos, bloc de notas, portátil o móvil para evadirnos, evitar hablar o comunicarnos con nadie allí presente, solo esas miradas recelosas, alguna sonrisa breve si nos vemos descubiertos o al cedernos el paso, pero poco mas...en seguida la atención vuelve a lo que tenemos entre las manos, mp3, periódicos ,móviles, etc...nos mostramos nerviosos, nos atusamos el pelo, movemos las piernas , miramos por las ventanas sin cesar...sentimos ansiedad.
Entonces esta loca cabecita mía piensa ¿qué pasaría si de pronto me levanto y digo...?
Y no lo pienso, lo hago, me levanto, me levanto y grito:
_¡Hola! Mi nombre es Lía, cojo cada día este metro y estoy harta de no hablar con nadie.
No se si a vosotros os pasa, pero a mi sí...os veo casi cada día y no os conozco, me aburre
viajar sola, me parece ridículo que no hablemos!! a vosotros no??
Unas carcajadas me despertaron justo cuando esa voz familiar en forma de locución anunciaba mi parada...
Todo había sido un sueño, las puertas se abrieron y salimos todos como extraños que eramos, cada uno tomando su dirección...
Hasta mañana que nos volvamos a encontrar.