
-Esta historia la empezaste tú con un beso y la terminare yo de la misma forma...le dijo ella mirándole a los ojos
Sus labios se encontraron por última vez de forma íntima, cálida, sin la torpeza del primer día, segundos que se perdieron en el tiempo, que bastaron para que un torrente de sentimientos que creía bien atados se desataran en su interior y tubería que ser él quién la apartara de un poco su lado para musitarle al oído aquellas palabras mil veces repetidas y odiadas que la devolvían de nuevo a la realidad...-no puedo, no puedo, sabes que no puedo...
Abrazándola como antes, besando su pelo como recordaba, llorando como el día que le dijo adiós, repitió un lo siento, lo siento...
Ella acarició su cara una y otra vez para que no se le olvidara, dibujó cada línea con sus dedos, regaló besos con sabor a sal de llanto y guardó su perfume en sus manos para si.
Sonrisas dulces, promesas de felicidad y un hasta pronto... permaneció sentada mirándolo marchar una vez más...y algo le dijo que sí, que debía dejarlo marchar de su vida para ser feliz y eso significa dejar de sentir...pero, como se consigue arrancar cada latido, todo lo sentido, lo vivido, cada suspiro si lo provoca él?
¿Cómo evitar ese nudo en la garganta al recordar que los sueños que inventaron murieron, como evitar el escozor en las heridas rasgadas al escuchar su nombre, su voz...los celos al saberlo feliz o simplemente conforme en otros brazos elegidos, el sin sentido de no saber que papel ocupó en su vida...como dejar de creer, como borrarlo todo e inventarlo de nuevo, darle un sentido a un amor alimentado por dos y que de repente te hes devuelto por no encontrarse en casa el destinatario, como si fuera un paquete de correos?
No iba a permitirse ni un día más de tristezas, pensó...y pensó... preparó una cita, todo sería perfecto, donde se besaron por primera vez, un paseo por el lugar donde solían ir abrazados , comer en el restaurante de siempre...nada podía fallar...
Aquella mañana de invierno era soleada, fría pero luminosa, iba nerviosa, hablando de forma atropellada con el taxista que la llevaba hasta la calle donde quedaron aquel mediodía de marzo, entre risas compartidas con el conductor llegó a su destino, pagó el importe y bajó.
Miró la calle como si jamás hubiera estado... al descubrir la fachada del restaurante sonrió, entro y saludó afectuosamente a los camareros, a la dueña ...-¿Esperarás a tu novio para comer?
-No, paso ya...
Le guiña un ojo cómplice y pasa al comedor, elige la mesa donde estuvieron por última vez juntos.
A ratos un vacío en el estómago le sube hasta la garganta, y parece que las lágrimas van traicionarle...mira el móvil...la puerta...respira hondo, respira hondo se dice a si misma y sacude la cabeza.
Abandona el local a la hora y media relajada y tranquila, camina despacio, cada rincón le ofrece un recuerdo y ella sonríe, mira a la gente, pasean parejas, grupos de chicos y chicas hablando de forma escandalosa, estudiantes, gente en bicicleta, ella observa y sonríe...por dentro y por fuera...el tráfico es fluido, se detiene en un paso de peatones en el que se besaron, y vuelve a sonreír...allí se reían por...en aquel escaparate se dijeron...
Sin apenas darse cuenta sus pies la conducen justo debajo de donde él trabaja, allí se alza una fortaleza, y su príncipe encerrado, entre sus jardines pasea ella...
Llama a un cochero que la aleja de allí en una carroza negra y amarilla a toda velocidad, porque su cita consigo misma y con sus recuerdos aún no había terminado, tenía que visitar a un camarero que servía cervezas a 5 euros...y no podía olvidar escupirle en un ojo, aunque no fuera propio de señoritas...ni de princesas de cuentos, pero esque este cuento terminó.
http://es.youtube.com/watch?v=hmj6hu19u5A