
Según el programa pasan diez minutos de comienzo de la función...uff...uff...no llego, no llego!!
Acelero mis pasos sin detenerme hasta encontrarme delante del Teatro Apolo, siento el latido de mi corazón palpitando en mis sienes y sin pararme ni tan siquiera a contemplar la fachada, me abalanzo contra la taquilla con mi entrada, que se ha convertido casi en una extensión de mi propia mano ya que,por miedo a perderla de vista, no la he soltado durante todo el camino, ni tan siquiera me he arriesgado a que se extraviara en el fondo de mi bolso ya que eso habría significado diez minutos mas empleados en su rescate.
La taquillera me señala la entrada mientras le regalo una sonrisa radiante, allí el acomodador me espera, amablemente aparta una de las negras y pesadas cortinas aterciopeladas.
Las luces dentro del teatro están apagadas, el público impaciente está en la sombra, la sala está casi llena y de repente alguien entra en escena.
...El traje se Sara es gris, sobrio. Se ha atado los extremos alrededor de sus caderas, para que no le molesten en sus movimientos. Baila como de costumbre, con toda su fuerza, con toda su gracia...
Mi mirada está clavada en ella, como hipnotizada lo que me impide ver que el acomodador a detenido sus pasos al encontrar mi fila y acabo dándome literalmente de bruces con él, lo que me saca por un momento del escenario...la gente nos mira...el rubor sube por mis mejillas y entonces es cuando pienso aquello de: ¿por qué me pasaran a mi siempre estas cosas?
Al fin me encuentro a salvo en mi butaca, me relajo...ya puedo dejarme llevar...
Sara mantiene aún el papel de diva, sale de la escena básicamente para cambiarse de vestuario. Cuando ella entra de nuevo, el ballet se abre para dejarla en el centro de las miradas, adulada, muestra una exibición técnica impresionante, zapateado perfecto, como si estuviera levitando algunos centímetros por encima del suelo, gestos lentos, dulzura, belleza y sentimiento, para lanzarse después a un zapateado diabólico donde la dulzura deja paso a la determinación, al genio, a la pasión y a la fuerza...
"SABORES" está dedicado a Concha Baras, madre de Sara Baras y una de sus maestras, también es un homenaje a los trece palos del flamenco, representados en los trece cuadros de la obra: tangos, tanguillos, seguiriyas, zambras, alegrías, bulerías...arte vivido y amado por Sara desde siempre.
Podríamos decir que hoy día Sara Baras pertenece a la minoría selecta de los mejores bailaores de flamenco del mundo,
tiene su propia compañía la cual dirige y es coreógrafa,
y en el año 2003 fue galardonada con El Premio de la Danza por su obra "Mariana Pineda".
...pero, volvamos al teatro...
Cada centímetro de mi piel siente, mis ojos se llenan de lágrimas de admiración, de emoción, las guitarras, las voces, las palmas, los tacones, la sencillez y la belleza.
Vuelve a escena vestida con un traje púrpura, la luz se vuelve roja, atrás,los bailaores del cuerpo de baile están sentados, y miran sin parar aquellos pies famosos por su velocidad. Siguen con jaleos de ánimo. El cuerpo de la bailaora parece una flor que se abre para mostrar su belleza al mundo. Por un momento, da su ser entero al público madrileño.
Se va con un gesto orgulloso y la cabeza alta.La sala vuelve a la oscuridad...
El público rompe en aplausos después de dos horas y media con sabores flamencos y... yo pude felicitar a Concha Baras...así que pensándolo bien después de todo, no es tan malo que siempre me pasen según que cosas a mí...